Muchas personas sienten que, a pesar de sus esfuerzos, siempre acaban en relaciones dolorosas. Relaciones donde el amor se mezcla con la desconfianza y la inseguridad. Sienten una decepción recurrente y se preguntan si hay algo que hacen mal o si es que no merecen una relación feliz. 

Quizás es tu caso. Has encadenado una relación tóxica con otra y te sientes frustrada porque, hagas lo que hagas, siempre das con el mismo perfil y no hay forma de tener un noviazgo bonito y saludable.

La buena noticia es que hay una explicación detrás de estos patrones. Comprender el “por qué” de nuestras elecciones amorosas es el primer paso para transformarlas y darnos cuenta de que podemos construir relaciones donde el respeto y la calma sean la norma. 

 

¿Cuáles son las posibles causas de un historial de parejas como este? 

1. Nuestro guion inconsciente

Desde pequeños, cada uno de nosotros lleva consigo una historia emocional. Nuestras experiencias pasadas y las relaciones que observamos moldean cómo amamos y cómo somos amados. Muchas veces, estos patrones se repiten en la adultez.

Si en tu infancia el amor estaba vinculado a la crítica o a la falta de afecto, ahora podrías buscar relaciones similares. Puede que estés intentando «aprobar» un examen que sientes que suspendiste y, para lograr ese aprobado, buscas a alguien similar a quien te suspendió, o puede que, simplemente, hayas registrado el concepto de «amor» junto al de «intensidad» o «desacuerdo». El cerebro humano tiende a regresar a lo que conoce, aunque no siempre sea lo mejor, porque siente que esas situaciones son familiares y que tiene más recursos para gestionarlas. En cambio, someterse a un vínculo profundo o a una relación sana puede resultarle peligroso o generarle ansiedad y aburrimiento.  

2. La autoestima y la percepción deL valor personal

La autoestima juega un papel crucial en nuestra elección de pareja. Cuando nuestra autoestima es frágil, aceptamos comportamientos tóxicos, pensando que es lo que merecemos. Pensamientos como “debo cambiar para que me quieran” o “si hago más por él o ella, entonces me valorará” son comunes. 

Otras veces, la falta de autoestima nos lleva a dejar que nos pisen. Esto es un imán de personas inseguras que, quizás, con alguien más asertivo se comportarían de otra forma pero que, a nuestro lado, acaban convirtiendo su inseguridad en despotismo o en comportamientos narcisistas. 

Al trabajar en nuestra autoestima, nos damos cuenta de que merecemos relaciones en las que ser amados no implique cambiar quiénes somos. Reconocer nuestro propio valor es fundamental para tomar decisiones saludables. 

3. La necesidad de “salvar” al otro: el rol del cuidador

A menudo, quienes terminan en relaciones tóxicas son personas muy empáticas que quieren ayudar a su pareja, un supuesto diamante en bruto) y se convierten en “salvadoras”. Por otra parte, están aquellas que asumen este rol para sentir que el otro las necesita, como si no tuvieran ninguna otra cualidad y tuvieran que esforzarse para mantener atada a la otra persona. Sea como sea, asumir el rol de cuidador sin límites suele generar dinámicas de dependencia. 

Si te identificas con este rol, pregúntate si has sacrificado tu bienestar por el de la otra persona. Recuerda: una relación sana es aquella donde ambos se apoyan sin asumir cargas desiguales. 

4. Ponemos en marcha dinámicas defensivas 

Queremos conocer al otro pero no nos dejamos conocer. No nos gusta que nos controlen pero intentamos controlarlo todo. Queremos que el otro se comprometa y nos quiera de forma incondicional y, para lograrlo, le hacemos ver que no queremos compromiso, que somos inalcanzables y que tenemos una larga lista de condiciones. 

Las dinámicas defensivas que ponemos en marcha para no sufrir acaban provocando más sufrimiento. Aunque resulte obvio, debemos entender que no podemos estar en una relación sin relacionarnos. Para poder conectar con alguien y crear algo real, debemos soltar el control y las dinámicas defensivas y dejar de pedir al otro lo que ni nosotros estamos dispuestos a dar. 

Reconoce y rompe el ciclo: el cambio empieza contigo 

Romper un patrón de relaciones tóxicas es un proceso que requiere conciencia, reflexión y, a veces, apoyo profesional. Identificar y reconfigurar esos patrones emocionales es fundamental. 

Un paso clave es aprender a establecer límites. Expresar tus necesidades en la relación te ayudará a filtrar aquellas que no te benefician. Y es que, cuando pones límites, las personas que solo pretendían aprovecharse de ti se enfadan y se van de forma natural. Valorarte lo suficiente te permitirá no conformarte con menos. 

 

Construir una relación sana es posible 

Dejar atrás los patrones de relaciones tóxicas no es sencillo, pero es posible. Empieza observando tu historia con empatía. Comprende de dónde vienen tus elecciones y perdónate por decisiones pasadas. Al reconstruir tu autoestima, te sentirás más dispuesto/a a buscar relaciones donde el respeto y el crecimiento mutuo sean la norma.

Si en este momento estás en una relación que te causa confusión o insatisfacción, recuerda que el primer paso es tomar conciencia. Mereces una relación sana. No estás destinado/a a repetir patrones. Tienes derecho a construir un vínculo basado en el respeto y el amor genuino. 

La terapia puede ser una gran aliada en este camino. Te permite descubrir tus necesidades y te acompaña en el proceso de cambio. Tomar la decisión de buscar apoyo es un signo de fortaleza y compromiso contigo mismo/a.

 

«No podemos cambiar el pasado, pero el futuro es un lienzo en blanco que podemos pintar con nuevas decisiones.»  

 

 ¿Y tú, has tenido alguna relación tóxica? Cuéntanos tu experiencia y deja un comentario. 

 ¡Un abrazo! 

 

 

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