A veces, no puedes hablar con tu pareja sin que la conversación se tuerza.
Intentas expresar algo importante, aclarar un malentendido o poner un límite… y la otra persona se cierra en banda y boicotea la conversación hasta que te agotas.  

Te interrumpe, se enfada, cambia de tema o te da la vuelta al argumento.
Y tú acabas sintiéndote culpable por haber dicho lo que pensabas.

Llega un momento en que prefieres callar, sino porque sabes que decir lo que piensas tendrá un precio emocional demasiado alto. 

La defensividad como muro

Hay personas que utilizan la defensividad como una forma de evitar la responsabilidad emocional.
No soportan sentirse señaladas, ni siquiera cuando se trata de un reclamo legítimo o una petición de cercanía. 

Desde fuera puede parecer inseguridad, pero en muchos casos también hay rasgos de control, inmadurez afectiva o problemas de apego: 

  • Necesitan mantener la superioridad o el control de la situación.

  • No toleran sentirse vulnerables.  

…y cuando el otro se acerca emocionalmente, responden con frialdad, ironía o ataque.

Es una forma de responder que no busca resolver, sino mantener el poder y la distancia.
Y vivir así desgasta profundamente al otro. 

Lo que esto genera en ti

Cuando la defensividad es constante, empiezas a dudar de tu percepción.
Piensas que quizás exageras, que no sabes comunicarte o que todo sería más fácil si no dieras tantas vueltas a las cosas.

Sin darte cuenta, te vas adaptando al silencio, a la prudencia, a no molestar y te olvidas de que tener una relación no debería implicar hablar con tanto cuidado. Y es que, cuando el diálogo se convierte en un campo minado, no se rompe solo la comunicación: también se rompe la seguridad emocional. 

Lo que puede cambiar en terapia 

Si la defensividad es crónica, no va a desaparecer sola. Si estás en una relación así, es importante observar qué te hace mantenerte ahí: el miedo al abandono, la esperanza de que cambie o, quizás, una sensación de culpa constante.  

Y si tú misma te descubres reaccionando de manera defensiva, puede ser un síntoma de heridas de apego o experiencias relacionales pasadas que te impiden escuchar sin sentirte atacada. 

En terapia trabajamos varias caras:

  • Comprender tu patrón relacional, sin juzgarte, pero con honestidad.

  • Aprender a comunicarte sin perderte.

  • Y, sobre todo, reconstruir tu seguridad emocional, para poder hablar sin miedo y amar sin defenderte todo el tiempo. 

Si esto te suena… 

Puede que no sea solo un problema de comunicación, sino un patrón más profundo que se repite y no tienes por qué resolverlo sola. 

A veces, lo que duele y estropea la relación no es lo que se dice, sino todo lo que ya ni te planteas comunicar.   

¿Y tú? ¿Alguna vez has tenido problemas con la defensividad (tuya o de tu pareja)? Me encantará leerte en los comentarios y que compartas tu experiencia. 

¡Un abrazo!

 

 

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