Todos, en algún momento, hemos sentido que la vida no era justa para nosotros, que las cosas no nos salían como deberían o que no recibíamos lo que merecíamos. Sin embargo, para algunas personas, este sentimiento de injusticia está tan profundamente arraigado que termina afectando su manera de vivir y de relacionarse con los demás. La herida de injusticia es una de las cinco heridas emocionales propuestas por Lise Bourbeau que pueden marcar nuestra infancia y reflejarse en la vida adulta, llevándonos a desarrollar una máscara de rigidez para protegernos.

Esta herida se forma cuando en nuestra infancia sentimos que no fuimos tratados con justicia o cuando nuestras necesidades emocionales no fueron reconocidas ni valoradas. Paradójicamente, eso también incluye haber sentido que nos daban más de lo que merecíamos. En respuesta a este dolor, desarrollamos una máscara de rigidez, con altos estándares para nosotros mismos y para los demás, tratando de crear un mundo donde todo sea perfecto, ordenado y justo. Sin embargo, este control y perfeccionismo no nos deja espacio para la flexibilidad ni para el disfrute de lo imperfecto.

 

¿Qué es la herida de injusticia?

La herida de injusticia aparece cuando una persona, a menudo desde la infancia, siente que ha sido tratada de manera fría o injusta por figuras de autoridad, como los padres o cuidadores. Suele surgir en contextos donde las reglas son muy estrictas y las emociones no tienen lugar, lo que genera una desconexión entre lo que el niño siente y lo que se le permite expresar. Los niños que desarrollan esta herida suelen sentir que sus emociones no son importantes o que deben ser «perfectos» para recibir aprobación o amor.

Como adultos, las personas con esta herida tienden a buscar la perfección y la justicia en todo lo que hacen. Son muy exigentes consigo mismos y con los demás, y se esfuerzan por hacer las cosas de la «manera correcta», temiendo el desorden, el error o la injusticia. Algunos acaban por rozar el egoísmo y otros, en cambio, se sienten poco merecedores. 

 

La máscara de la rigidez: Perfeccionismo y control

La máscara de la rigidez se desarrolla como una forma al dolor dolor que nos produce sentir que no somos valorados o tratados justamente. Esta máscara nos lleva a reprimir nuestras emociones, a ser muy exigentes con nosotros mismos y a controlar cada aspecto de nuestra vida para evitar que el caos o la injusticia se apoderen de nosotros.

A continuación te enumero algunas características de la máscara de la rigidez: 

-Perfeccionismo extremo: Las personas con esta máscara buscan constantemente la perfección, tanto en su comportamiento como en su entorno. Son extremadamente críticas consigo mismas y se esfuerzan en cumplir con estándares imposibles de alcanzar.

-Reprimir las emociones: Tienden a reprimir sus emociones porque creen que mostrarlas es un signo de debilidad o de descontrol. Tienen miedo de ser percibidos como vulnerables o imperfectos.

-Control en las relaciones: A menudo, intentan controlar las situaciones y las relaciones para asegurarse de que todo salga «bien». Y entrecomillo «bien», porque por tal de mantener el control pueden provocar una ruptura, incluso, si no es lo que desean. Pueden tener dificultades para delegar responsabilidades o confiar en los demás, ya que creen que nadie hará las cosas con la misma precisión.

-Exigencias hacia los demás: No solo son exigentes consigo mismos, sino que también pueden imponer altos estándares a las personas a su alrededor. Pueden ser críticos o sentirse frustrados cuando los demás no cumplen con sus expectativas de «justicia» o «perfección».

-Falta de flexibilidad: Las personas con esta herida suelen tener dificultad para adaptarse a situaciones imprevistas o a cambios en su vida. Prefieren la rutina, el control y la previsibilidad.

 

¿Por qué es importante reconocer esta herida?

La herida de injusticia y la máscara de la rigidez nos hacen vivir con una presión constante, creyendo que debemos ser perfectos para ser valorados y amados. Este tipo de rigidez emocional puede llevarnos a desconectarnos de nuestros propios sentimientos y de los de los demás, creando relaciones tensas o distantes. Además, al tratar de ser siempre justos y correctos, podemos perder la capacidad de disfrutar la vida en su imperfección y espontaneidad. Incluso, puede molestarnos que alguien sea espontáneo, cuente un chiste o diga cosas sin pensar. 

Reconocer esta herida es crucial para liberarnos del perfeccionismo y del control, permitiéndonos ser más flexibles, más humanos y más abiertos a nuestras emociones y a las de los demás. 

 

Cómo empezar a sanar la herida de injusticia 

Sanar la herida de injusticia implica aprender a soltar la rigidez y el perfeccionismo, aceptando que la vida no siempre es perfecta ni justa, y que está bien ser vulnerable. Aquí tienes algunos pasos para comenzar el proceso de sanación:

1. Reconoce tu herida: El primer paso es aceptar que tienes una herida de injusticia y que has estado usando la máscara del rígido para protegerte. Ser consciente de esto te permitirá empezar a trabajar en la liberación de esos patrones de comportamiento.

2. Acepta la imperfección: La perfección es una ilusión inalcanzable. Empieza a aceptar que está bien cometer errores, que no todo debe ser perfecto y que el desorden y la imprevisibilidad forman parte de la vida. Permítete ser imperfecto y equivocarte sin castigarte.

3. Permítete sentir: Las personas con la herida de injusticia suelen reprimir sus emociones por miedo a parecer débiles o descontroladas. Es importante comenzar a aceptar y expresar tus emociones sin juicio. Reconoce cuando te sientas frustrado, triste o vulnerable, y permítete dejar de ser siempre «fuerte» o «perfecto».

4. Trabaja en la flexibilidad: La vida es cambiante, y parte de sanar esta herida es aprender a adaptarte a lo inesperado. Intenta soltar un poco el control en ciertas áreas de tu vida, confiando en que, incluso cuando las cosas no salen como planeas, puedes manejarlas. Date cuenta de la cantidad de colores y posibilidades que tiene la vida cuando deja de ser blanca o negra. 

5. Busca apoyo: Trabajar en la herida de injusticia puede ser complicado si lo haces solo. Considera la posibilidad de buscar la ayuda de un terapeuta que pueda acompañarte en este proceso y que te ayude a liberar el perfeccionismo y el control. 

 

En conclusión: Abre espacio para la flexibilidad y el disfrute

La herida de injusticia y la máscara de la rigidez nos enseñan a vivir bajo una presión constante de perfección, donde controlamos cada detalle para evitar el dolor de sentirnos vulnerables o desvalorados. Sin embargo, la verdadera libertad y sanación llegan cuando aprendemos a soltar el control, a aceptar que la vida no siempre es justa y a permitirnos disfrutar de la belleza de lo imperfecto.

Recuerda: no necesitas ser perfecto para ser amado y valorado. La vulnerabilidad y la flexibilidad son las llaves para construir relaciones más genuinas y vivir una vida más plena. Permítete ser humano, sentir y aceptar la imperfección en ti y en los demás. Y si alguien solo te quiere cuando eres perfecto, probablemente sobra en tu vida. 

 

 ¿Y tú, detectas en ti o en alguien más la herida de injusticia? Cuéntanos tu experiencia y deja un comentario. 

 ¡Un abrazo! 

 

 

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