Todos hemos oído hablar de los «amigos con derecho». Esa relación en la que hay complicidad, atracción y momentos compartidos, pero sin compromiso. Suena bien, ¿verdad? Sin embargo, la realidad puede ser mucho más compleja. Especialmente, cuando uno de los dos siente algo más (como ocurre en la mayoría de casos).
Imagina a María, una chica que se fija en alguien que «no quiere compromiso» y se embarca en una relación de este tipo deseando secretamente que algún día se convierta en algo más. Le repite una y otra vez al chico que ella tampoco quiere nada serio, incluso muestra una actitud liberal para parecer más atractiva. Entonces él, pensando que todo está bien así, entra en la dinámica. Ella, finalmente, queda atrapada en el vínculo.
Ahora imagina a Pablo, un chico que está bien soltero y que acepta una relación liberal con una chica que le atrae. Con el tiempo, la relación se vuelve más cálida e intensa. Entonces él decide dejarse llevar por el cariño que siente: no va a poner freno a sus sentimientos, está dispuesto a iniciar una relación. No obstante, la chica tiene las barreras psicológicas echadas desde el principio y tiene clarísimo que no va a estar con él de forma exclusiva.
O uno está enamorado y el otro lo sabe y se aprovecha de la situación generando falsas expectativas futuras.
Casos hay muchos, pero está claro que el roce hace el cariño
Dicen que el roce hace el cariño, y no es un simple dicho. Cuando pasamos tiempo con alguien, compartimos risas, confidencias y momentos íntimos, es natural que los sentimientos crezcan. La conexión física y emocional empieza a entrelazarse, y lo que al principio parecía sencillo, se vuelve complicado. Tal vez al inicio pensaste que podrías manejarlo, que era solo diversión sin ataduras, pero con el tiempo te das cuenta de que quieres algo más.
Y aquí es donde aparece el problema: en la mayoría de ocasiones, ese deseo no es compartido y una de las dos personas se vuelve dependiente. Quizá has sentido ese nudo en el estómago cuando el otro se muestra distante, o la tristeza que llega cuando te das cuenta de que no estáis en el mismo lugar emocional. En estas situaciones, lo que parecía ser una relación de «solo amigos» se convierte en un espacio de dolor y confusión. Especialmente, cuando se olvida la parte de la amistad y el roce cobra protagonismo.
Este dolor puede aumentar de forma significativa si eres una mujer: en la prehistoria, cuando un hombre dejaba embarazada a una mujer y salía de la cueva para cazar, esta debía asegurarse de que él volvería con el alimento. Han pasado unos años, pero nuestro cerebro no se ha dado cuenta. Después del sexo, la mayoría de mujeres nos inundamos de hormonas que nos alertan de que ese vínculo podría romperse y sentimos que debemos hacer algo al respecto, lo que genera una sensación de apego y de necesidad afectiva. Es decir que, al cariño que los seres humanos sentimos al compartir buenos momentos con alguien, se le puede sumar ese plus biológico si eres una mujer.
Las consecuencias emocionales de un cariño no correspondido
Aceptar estar en una relación sin compromiso cuando tú sí quieres algo más puede ser una experiencia emocionalmente devastadora. La ambigüedad de la situación puede llevarte a:
·Sentirte insuficiente: Puedes empezar a pensar que no eres lo suficientemente valiosa como para que la otra persona quiera algo más serio contigo. Este pensamiento es una trampa, ya que tu valor no depende de lo que otro sienta o quiera, pero es absolutamente normal: probablemente, estás con alguien que te cuenta lo que hace y siente por otras personas, o tú misma ves que a ti te tiene bajo mínimos pero que da lo mejor de sí en otras citas.
·Experimentar ansiedad e inseguridad: Las dudas constantes sobre lo que realmente siente la otra persona y el miedo a perderla pueden hacer que te sientas siempre en una montaña rusa emocional. Sobre todo, cuando la otra persona tiene días en que te trata como si fueras su pareja y días que ni te habla. Esto puede afectar a tu autoestima y generar una gran incertidumbre. Por si fuera poco, ese estado te hace perder atractivo y hace que des pasos en falso y el otro se muestre aún más agobiado y desinteresado.
·Dificultad para avanzar: A veces, quedarnos en una relación que no nos satisface nos impide conocer a otras personas que sí estarían dispuestas a ofrecer lo que buscamos. Por otra parte, hemos invertido tanto que no nos gustaría perder esa inversión. Finalmente, todo se traduce en una dificultad para salir de ahí y avanzar.
Escúchate a ti misma
Si sientes que estás viviendo algo parecido, es importante que escuches lo que tu corazón y tu mente te están diciendo. Pregúntate: ¿Estás realmente feliz con esta situación o sientes que te estás conformando con migajas de cariño? A veces, el primer paso para salir de este tipo de relaciones es ser honesta contigo misma y con la otra persona.
No se trata de buscar culpables, sino de entender que nuestros sentimientos son válidos. Si para ti esta relación ha dejado de ser placentera y se ha convertido en una fuente de dolor, tienes todo el derecho a decirlo y a buscar lo que realmente te hace bien.
Mereces amor del bueno
Recuerda que el amor, el de verdad, no es algo que tenga que doler ni hacerte sentir menos. Mereces un amor que te haga sentir en paz, donde te sientas querida y valorada tal como eres. Dejar atrás una relación sin compromiso puede ser difícil, especialmente si has llegado a sentir un cariño profundo, pero a veces es el paso necesario para abrir la puerta a algo mejor.
La decisión de proteger tu bienestar emocional está en tus manos
¿Y tú, has tenido algún amigo con derecho a roce? Cuéntanos tu experiencia y deja un comentario.
¡Un abrazo!
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